Y después de la conquista, ¿qué pasó?  

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Luego de estar al tanto de la existencia del territorio que en adelante sería conocido como América y descubrir sus tesoros, los españoles decidieron realizar otros viajes con el propósito de conquistar para fundar ciudades. Este proceso que se inicia con el descubrimiento a finales del siglo XVI y culmina aproximadamente a mitad del siglo XVII (tardó más o menos cincuenta años). Esta segunda fase dio paso a lo que luego se conoció como la época de la colonia.
Según reseñan los historiadores, en esta época, la de la colonia, la comunidad venezolana era prácticamente una sociedad de castas (estratificada socialmente en grupos distinguidos por su color de color de piel y procedencia), en donde los más importantes era los peninsulares, seguidos de los criollos, luego de los canarios y los pardos (mezcla de blancos, indios y negros) quienes constituían el grupo más grande y se dedicaban al pequeño comercio, las labores agrícolas y el trabajo manual. Finalmente, también estaba conformada por los esclavos negros y los indios.
Respecto a su cultura, dice Pedro Díaz Seijas (1966) que ésta ofrecía rasgos similares a los de toda América. Especialmente en lo literario, la presencia de la cultura española era notoria, la cual se impuso a la “rudimentaria cultura indígena” (ibíd.). Por supuesto, y como es de esperarse, este proceso no resultó ser una transculturación total y absoluta. El mismo Díaz Seijas apunta que el sedimento cultural indígena ofreció cierta resistencia. Además, debemos agregar que a éste se unió después el sedimento cultural africano, por lo que el resultado final fue, sin duda, bien distinto a lo que, tal vez, se habían planteado los españoles. En toda esta etapa de traslación y reintegración cultural la iglesia católica jugó un papel determinante.

¿Cuál fue, en materia literaria, el legado que nuestros indígenas dejaron para la posteridad?  

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Este legado está constituido por una literatura oral y anónima que circula entre los Pueblos Indígenas, la cual algunos investigadores y religiosos se han dado a la tarea de reunir con el firme propósito de hacer llegar hasta nosotros a través de textos escritos, radio, televisión cine y teatro (y ahora también a través de la red) historias y relatos que tardaron más o menos veinte años en recopilar de boca de los ancianos de las diferentes comunidades indígenas que pueblan nuestro país, pero además, también son el producto de la revisión cuidadosa de las crónicas en las que se registraron algunos de estos relatos de parte de quienes desde 1514 ya estaban informando al respecto.


El hecho de ser literaturas orales les confiere un carácter especial, “pues eso significa que han sido y son “literaturas vivas” y circulantes y no momias (…) o lagunas de aguas estancadas; son vida intelectual diaria o muy frecuente y no alimento almacenados en libros y bibliotecas…” (De Armellada y Bentivenga, 1981:8 y 9) o como las nombra Balza “literatura auditiva”, cuyo valor artístico y humano es innegable. Nuestros indígenas las utilizaban con fines didácticos y recreativos.



A diferencia de las nuestras, las llamadas literaturas pre-colombinas, señalan los autores, no están inmovilizadas en el tiempo. Ellos recibieron una herencia (oral) que se ha ido transformando con el tiempo aportando nuevas cosas (nuevas creaciones o modificaciones a las antiguas) en las que han incorporado las circunstancias actuales y su contacto con grupos humanos diferentes.


Entre sus manifestaciones literarias abundan los refranes, proverbios, adivinanzas y acertijos, presagios y adivinaciones de sueños, saludos, congratulaciones, despedidas, litigios, exhortaciones y anécdotas. A estos, los autores antes mencionados los denominan creaciones literarias menores.

De tal manera que las mayores serían los mitos, las leyendas y, en algunos pueblos como el Pemón, las invocaciones mágicas (mezcla de leyenda y mito) y los cantares (poesía apegada a un ritmo, no recitada, cantares en danzas profanas o religiosas y escenificadas). De tal manera pues que no sólo recibimos una herencia hispana muy rica, sino también una herencia indígena de la que aún, la mayoría, no tiene conciencia exacta.

La crónica de Oviedo y Baños,… ¿es también y en cierta forma literatura?  

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Bueno esa es una respuesta que deben darla los lectores. Respecto a ella Díaz Sejas (1966) señala que con este cronista se inicia una nueva etapa en la constitución de la historia nacional debido a que la labor de Oviedo y Baños ya no se limita a ver y contar. Este autor realiza un verdadero acto de indagación: “estudia, coteja, consulta documentos” (Ibid,:11). Su prosa es distinta, está llena de colorido y, según Seijas, esa particularidad la erige como la antecesora de lo que vendría a ser la literatura nacional. A lo que Planchart (citado por Díaz, 1966:12) reafirma señalando que, a diferencia de los cronistas anteriores, Oviedo Y Baños mira a esta tierra, a su gente y su historia no con ojos españoles, sino con ojos venezolanos.

Oviedo y Baños asume la tarea de la escritura con seriedad. Escribe la "Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela" con refinamiento vigilando lo que dice y cómo lo dice: “En un hermoso valle, tan fértil como alegre, (…) tiene su situación la ciudad de Caracas en un temperamento tan del cielo, que sin competencia es el mejor de cuantos tiene América…” (Libro V, capítulo VII, citado en Díaz, 1966:21). Su crónica ya no refería las acciones heroicas de los españoles, sino que se interesaba por la descripción de la producción agrícola, la minería y el comercio. Se percibe en ella el amor por su tierra, además del orgullo hispánico.

Como se puede observar, la crónica no establece lazos estilísticos con la literatura venezolana, mas sin embargo, desde el punto de vista temático ésta sí constituye una antecedente de la visión de la naturaleza americana y del enfrentamiento entre el ser humano y su entorno; tema que será una constante en nuestra literatura nacional e hispanoamericana (Pacheco et.al., 2006:48).

Ante toda esta disertación podría surgir la duda, ¿y es que los primeros pobladores de estas tierras realmente no nos han dejado nada que sirva como legado para la literatura nacional?..., pero,... eso será materia de otro pequeño espacio de reflexión.