¿Cuál fue, en materia literaria, el legado que nuestros indígenas dejaron para la posteridad?
Posted by Anicia Flores in Bentivena, Crónicas de Indias, De Armellada, literatura auditiva. comunidades indígenas, literatura indígena, literatura nacional, literatura oral, literatura venezolana, literaturas vivas
Este legado está constituido por una literatura oral y anónima que circula entre los Pueblos Indígenas, la cual algunos investigadores y religiosos se han dado a la tarea de reunir con el firme propósito de hacer llegar hasta nosotros a través de textos escritos, radio, televisión cine y teatro (y ahora también a través de la red) historias y relatos que tardaron más o menos veinte años en recopilar de boca de los ancianos de las diferentes comunidades indígenas que pueblan nuestro país, pero además, también son el producto de la revisión cuidadosa de las crónicas en las que se registraron algunos de estos relatos de parte de quienes desde 1514 ya estaban informando al respecto.
El hecho de ser literaturas orales les confiere un carácter especial, “pues eso significa que han sido y son “literaturas vivas” y circulantes y no momias (…) o lagunas de aguas estancadas; son vida intelectual diaria o muy frecuente y no alimento almacenados en libros y bibliotecas…” (De Armellada y Bentivenga, 1981:8 y 9) o como las nombra Balza “literatura auditiva”, cuyo valor artístico y humano es innegable. Nuestros indígenas las utilizaban con fines didácticos y recreativos.
A diferencia de las nuestras, las llamadas literaturas pre-colombinas, señalan los autores, no están inmovilizadas en el tiempo. Ellos recibieron una herencia (oral) que se ha ido transformando con el tiempo aportando nuevas cosas (nuevas creaciones o modificaciones a las antiguas) en las que han incorporado las circunstancias actuales y su contacto con grupos humanos diferentes.
Entre sus manifestaciones literarias abundan los refranes, proverbios, adivinanzas y acertijos, presagios y adivinaciones de sueños, saludos, congratulaciones, despedidas, litigios, exhortaciones y anécdotas. A estos, los autores antes mencionados los denominan creaciones literarias menores.
De tal manera que las mayores serían los mitos, las leyendas y, en algunos pueblos como el Pemón, las invocaciones mágicas (mezcla de leyenda y mito) y los cantares (poesía apegada a un ritmo, no recitada, cantares en danzas profanas o religiosas y escenificadas). De tal manera pues que no sólo recibimos una herencia hispana muy rica, sino también una herencia indígena de la que aún, la mayoría, no tiene conciencia exacta.
Y hablando de literatura… ¿qué tal si nos centramos en la nuestra? … La literatura venezolana
Posted by Anicia Flores in caciques, literatura nacional, literatura venezolana, prehispánica
Si queremos tener una visión panorámica de la Literatura venezolana, debemos considerarla desde sus inicios, es decir, desde la etapa denominada Prehispánica, etapa previa a la llegada de los españoles y en la que nuestro territorio estaba poblado por diversidad de grupos humanos que, según señala el historiador y crítico Pedro Díaz Seijas (1966:7), poseían manifestaciones culturales primitivas (entiéndase, que no estaba tan desarrolladas como las de los futuros conquistadores). Esto tiene su razón de ser en el hecho de que nuestros antecesores deambulaban por el territorio nacional (eran nómadas) y, debido a ello, no habían alcanzado el mismo desarrollo político y social de sus vecinos centroamericanos. A estos grupos dispersos en el territorio nacional Herríquez Ureña (ciatdo en Díaz Seijas, 1966:7) los denominó “pueblos de culturas medianas” y “tribus de culturas sencillas”.
No obstante, “aquel mundo primitivo contó con la defensa de los más aguerridos caciques” (Ídem, 1966:8) entre los que resaltan los nombres de Guacaipuro, Paramaconí, Sorocaima, Tamanaco, Tiuna, entre otros. Ahora bien, ante el atropellamiento del conquistador sus manifestaciones culturales se vieron asfixiadas. Así, se quedaron de lado “sus mitos, sus leyendas, su explicación primitiva de los grandes acontecimientos de la Naturaleza” (ib.), ya que la destrucción fue total: física, social, psicológica y cultural. Fue precisamente mediante esta acción desintegradora que los españoles establecieron las primeras ciudades.
No obstante, “aquel mundo primitivo contó con la defensa de los más aguerridos caciques” (Ídem, 1966:8) entre los que resaltan los nombres de Guacaipuro, Paramaconí, Sorocaima, Tamanaco, Tiuna, entre otros. Ahora bien, ante el atropellamiento del conquistador sus manifestaciones culturales se vieron asfixiadas. Así, se quedaron de lado “sus mitos, sus leyendas, su explicación primitiva de los grandes acontecimientos de la Naturaleza” (ib.), ya que la destrucción fue total: física, social, psicológica y cultural. Fue precisamente mediante esta acción desintegradora que los españoles establecieron las primeras ciudades.
¿Y es que la existencia de una práctica literaria puede ayudar en la constitución de una nación?
Posted by Anicia Flores in literatura, literatura nacional, Novela venezolana
“La literatura… viene a ser un archivo de cuanto, a lo largo de los siglos,
ha contribuido a modelar el presente”
(Moreiro, 1996:19)
A finales del siglo XIX (1870), el problema fundamental de los venezolanos (la clase dominante) era “la inexistencia del aparato institucional propio de una nación” (Moré, 2002:12) por lo que se enfrentaban a su posible desintegración o decadencia. Esto generó la necesidad de diseñar una vía para alcanzar el proyecto de dominación que, para ese momento, tenía una existencia mayormente imaginaria. Por su puesto, la más indispensable de esas instituciones era el estado. Junto a este, otras instituciones también debían conformar espacios de poder para poder legitimar la existencia del estado y de la nación. Una de esas instituciones era la literatura nacional. Como tal, la literatura necesitaba ser orientada hacia una forma de expresión que describiera un perfil propiamente venezolano. A partir de esta situación se conformaron prácticamente tres grupos de idearios con sus respectivos seguidores: los que pensaban que la literatura debía partir de cero (los muy nacionalistas) y se apoyaban en que la mayor parte de los aportes de la tradición no eran capaces de darle el carácter singular que, en tanto literatura nacional, necesitaba; los que defendían estas tradiciones y se cerraban a la idea de innovaciones y los que consideraban que esta literatura incipiente debía abrirse al influjo de las corrientes literarias foráneas (especialmente la europea) como las últimas expresiones de la modernidad. De hecho, muchas novelas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se convirtieron en espacios discursivos desde los que, explícita o implícitamente se discutió este asunto, entre ellas: Peonía (1890), de Manuel V. Romero García, Ídolos Rotos (1901), de Manuel Díaz Rodríguez, En este país (1920), de Luis Manuel Urbaneja Achelpohol o Todo un pueblo (1899), de Miguel Eduardo Pardo. De tal manera que la realidad y el destino del país pasaron a ser material de escritura para los novelistas quienes a través de ellas dejaron ver su sentir y plantearon sus propuestas.
(Moreiro, 1996:19)
A finales del siglo XIX (1870), el problema fundamental de los venezolanos (la clase dominante) era “la inexistencia del aparato institucional propio de una nación” (Moré, 2002:12) por lo que se enfrentaban a su posible desintegración o decadencia. Esto generó la necesidad de diseñar una vía para alcanzar el proyecto de dominación que, para ese momento, tenía una existencia mayormente imaginaria. Por su puesto, la más indispensable de esas instituciones era el estado. Junto a este, otras instituciones también debían conformar espacios de poder para poder legitimar la existencia del estado y de la nación. Una de esas instituciones era la literatura nacional. Como tal, la literatura necesitaba ser orientada hacia una forma de expresión que describiera un perfil propiamente venezolano. A partir de esta situación se conformaron prácticamente tres grupos de idearios con sus respectivos seguidores: los que pensaban que la literatura debía partir de cero (los muy nacionalistas) y se apoyaban en que la mayor parte de los aportes de la tradición no eran capaces de darle el carácter singular que, en tanto literatura nacional, necesitaba; los que defendían estas tradiciones y se cerraban a la idea de innovaciones y los que consideraban que esta literatura incipiente debía abrirse al influjo de las corrientes literarias foráneas (especialmente la europea) como las últimas expresiones de la modernidad. De hecho, muchas novelas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se convirtieron en espacios discursivos desde los que, explícita o implícitamente se discutió este asunto, entre ellas: Peonía (1890), de Manuel V. Romero García, Ídolos Rotos (1901), de Manuel Díaz Rodríguez, En este país (1920), de Luis Manuel Urbaneja Achelpohol o Todo un pueblo (1899), de Miguel Eduardo Pardo. De tal manera que la realidad y el destino del país pasaron a ser material de escritura para los novelistas quienes a través de ellas dejaron ver su sentir y plantearon sus propuestas.
“Eso que llamamos literatura nacional…”
Posted by Anicia Flores in crítica literaria, literatura nacional, literatura venezolana, manifestaciones discursivas
Eso que llamamos literatura, la nacional, específicamente la venezolana, ha sido un conjunto de manifestaciones culturales diversas y complejas que se han ido sumando y edificando para delinear el perfil psicológico y social del país. Esas construcciones son, a su vez, un proceso de “desconstrucción”, pues cada nuevo movimiento literario o cada nueva manifestación va cuestionando y desestabilizando lo ya existente. Así, la literatura es, al igual que otras prácticas humanas, dinámica y cambiante. En nuestro caso, pasamos del romanticismo al modernismo y de este al vanguardismo en un devenir constante. Pese a que de ellas oímos hablar de periodizaciones y categorizaciones, estas sólo tienen como finalidad facilitar su estudio y enseñanza, pero en esencia todo ha sido un movimiento perenne. A su vez, este transformarse ha ido dando cuenta de los continuos cambios que ha sufrido la sociedad.
Para que exista la literatura nacional, se hace necesario un proceso de reconocimiento de la misma, es decir, precisa ser “visualizada, definida, descrita y explicada en sus rasgos maestros…” (Pacheco, et.al., 2006:1). Este trabajo corresponde a la crítica literaria. En Venezuela, se han encargado de ello críticos e historiadores como Gonzalo Picón Febres, Mariano Picón Salas, Pedro Díaz Sijas, Juan Liscano, Julio Miranda, Orlando Araujo y José Ramón Medina, entre otros.
Ahora bien, cada uno ha tocado sólo en parte aspectos y periodos de lo que puede considerarse la trayectoria de la literatura venezolana desde sus inicios hasta la actualidad, se han concentrado en etapas específicas y han hecho un recuento de obras y autores de las categorías consideradas tradicionalmente como literarias: poesía, novela, cuento, ensayo y teatro. Por lo que cuando nos aproximamos a esos registros siempre tenemos la sensación de que el perfil que se dibuja está inconcluso: muchas líneas no logran unir sus puntos. Por eso hoy por hoy hay un interés por retomar, sobre todo, el estudio de la época de la colonia y su producción literaria, se trata de un esfuerzo por lograr encajar todas esas percepciones que todavía están sueltas, pues consideran que una de las formas de visualizar un país es a través de sus manifestaciones discursivas.
¿Quién soy?
- Anicia Flores
- Manaus, Brazil
- Hoy por hoy ejerzo la Docencia Universitaria, soy Tellerista y Conferencista en áreas relacionadas con la lectura, la escritura, el crecimiento personal, la motivación, la enseñanza y el ambiente de aula, entre otras. En el plano emocional soy Coach Personal de jóvenes y adultos. En el plano físico o corporal, soy Masoterapeuta...


